La obra de Edelmira Boller: la escultura como retruécano liberador

El 19 de enero se inauguró en la Galería Santafé una retrospectiva (1974-2025) de la obra escultórica de Edelmira Boller, en la cual se incluye una muestra inédita de sus dibujos. Exhibida en dos salas explícitamente opuestas, la primera abierta y luminosa, y la siguiente cerrada y a media luz, con esa división de espacios se anticipan algunos de los contenidos de sus trabajos, los cuales podríamos considerar como el juego de la construcción del vacío desde el ensamblaje DE materiales duros como el hierro y el aluminio, y el despliegue de formas sensuales y delicadas con base en texturas densas como el óxido, y en formas rígidas derivadas de la chatarra.
Se trata de retruécanos plásticos que nos abisman a un universo en el cual la plenitud material sólo se concreta con la sensación de la nada abierta desde marcos, ventanas, grillas y cruces de varillas, barras y planchas soldadas que configuran un mundo de abstracciones escultóricas a plena luz del día, o de objetos útiles y domésticos como mesas, sillas o lámparas en la penumbra, que de hecho contienen en sus estilos aquellos vacíos… Un sinfín de posturas zen que, como se sabe, despliegan la realidad entre el vacío y la llenura que lo antecede o anuncia si nos dejamos sorprender por la belleza.
La mirada que Edelmira nos propone con sus obras, encierra, además, dos sutiles dimensiones necesarias en el mundo desencantado que nos rodea: el juego, y la ironía, pues en la libertad y agudeza que expresan, develan las trampas en que se ha convertido la civilización occidental, llena de avideces por la posesión de objetos que encierren la ilusión de la seguridad, la certeza y la acumulación de materiales. En efecto, cada una de sus esculturas se propone inicialmente como un enigma, y luego se abre a ese juego equívoco de cierre y apertura que desdobla a veces hasta el infinito y recrea aquellos retruécanos…
Conversando con un visitante, curador de arte durante muchos años, coincidíamos sobre el relativo vacío en la historia del arte colombiano, de Edelmira Boller, bogotana, nacida en los años 30 del siglo pasado, cuya obra ha sido reconocida de forma intermitente, quizá debido al complejo entramado cultural patriarcal del canon impuesto por galerías y museos paradójicamente dirigidos durante décadas por mujeres… Una paradoja que solo ha servido para que la obra que ahora se expone y que estará durante dos meses en la bella Galería ubicada en el subsuelo de la plaza de mercado de La Concordia, en el barrio de La Candelaria, se haya decantado con el tesón de esta verdadera artista, y llegue a lo esencial de un arte que se nos propone como una espléndida revelación de la vida y la belleza que anidan en los pliegues de las neblinas nacionales…




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