La línea negra y las palabras del mamo

El reconocimiento de la Línea Negra como símbolo ancestral e intercultural del territorio de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta ha sido materia de impugnación por gobiernos reaccionarios como el que hoy nos gobierna. Una mirada a la historia de una lucha por defender una ancestralidad sagrada que fue reafirmada por el saliente gobierno de Gustavo Petro.

Hernán Darío Correa

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La línea negra y las palabras del mamo
La palabra de los mamos condensa la complejidad del Senunulang o territorio ancestral. Foto: Juan David Correa

En el año 2000, los cuatro pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, los Kogui, Arhuacos, Kankuamo, y Wiwa, estaban asumiendo la búsqueda de la unidad con base en una nueva forma organizativa, el Consejo Territorial de Cabildos, a través de las organizaciones que los representaban ante el Estado. Con este Consejo se buscaba concertar el manejo ambiental de la Sierra dentro de la política de Parques con la Gente, esfuerzo que culminó en una primera etapa con la formulación conjunta entre Parques Nacionales Naturales y la organización indígena, de unos Lineamientos interculturales, en los cuales se explicitaban conceptos rituales como Yátukua (estar juntos), que incluye la adivinación respecto de lo que se debe hacer ante la pregunta que la vida y el territorio les estaban haciendo mediante el Yuluka o acuerdo social y natural, y el Zhigoneshi o ayuda mutua espiritual y material, además del sentido y los componentes de lo que ya era conocido en el país como Línea Negra, y del reparto ancestral de cada pueblo dentro de la Sierra bajo la adscripción territorial mítica de cada uno como un horcón en cada confín del macizo, en tanto pilotes que sostienen el orden de la creación.

Durante muchas reuniones internas, algunas con participación de quienes apoyábamos su proceso, los Mamos habían explicitado los lugares que se han conocido como sagrados a lo largo, ancho y alto de la Sierra, los cuales habían sido interpretados en algunos escenarios, incluso legales, como los puntos que definían periféricamente el alcance del territorio ancestral de ese macizo de alrededor de 23.000 kilómetros cuadrados, la montaña litoral más alta del mundo (5.775 metros sobre el nivel del mar, que se clava directamente en el mar Caribe a lo largo de más de 120 km de una costa llena de ensenadas, bahías y extensas playas entre los municipios de Santa Marta y Dibulla).

En efecto, en el año 1970, Francisco “Pacho” Correa, había asumido el cargo de director regional de asuntos indígenas en el departamento del Magdalena y, acucioso como siempre, abrió un camino de reconocimiento nacional cuando logró la emisión de una resolución gubernamental reconociendo la Línea Negra como el límite de ese territorio indígena, la cual por lo demás se identificó coloquialmente y de forma primaria con la carretera “negra” que une a Santa Marta con Riohacha, la otra capital departamental del costado norte del Sierra.

Tuvieron que pasar más de veinticinco años hasta que pudimos abrir una nueva escucha institucional nacional a la disposición indígena de precisar su mensaje sobre el significado interno, émico, del territorio como hábitat, cuyo símbolo mayor era precisamente esa figura metafórica de línea negra que, más allá de un límite, como lo explicaron a partir de un mandato interno sobre la necesidad de proyectar otra vez las palabras de los Mamos, condensa la complejidad del Senunulang o territorio ancestral, lo que pudimos concretar en la Resolución 837 del 28 de agosto de 1995, “por la cual se reforma el artículo 1 de la Resolución 000002 del 4 de enero de 1973”, la cual no sólo diseñamos y gestionamos sino que compilamos después en el libro de Gladys Jimeno, Hernán Darío Correa y Miguel Vásquez, Hacia el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas (Bogotá, Mininterior, 1996).

Escuchando a los Mamos comprendimos que en realidad dicha línea aludía a una compleja representación mítica del sistema de interacciones que en nuestro lenguaje hemos denominado como ecológicas, o corológicas, para ser más precisos, entre los componentes vivos y abióticos de ese sistema montañoso. El Cerro Gonawindúa, dijeron en sus reuniones, que se grabaron durante dos años de trabajo, se conecta energéticamente con múltiples lugares dentro y fuera de la Sierra, y esa especie de tejido de interacciones configura la esencia de esa Línea, en realidad un sistema espacial cónico que soporta la salud de la diversidad de la Sierra y de sus nueve estrellas hidrográficas, y una gran variedad de suelos y de vegetación en todos los pisos térmicos, desde el nivel del mar hasta los picos nevados.

Así, comprendimos que más que un trazado periférico, la Línea Negra tiene una configuración geométrica que los Mamos siguen con sus pagamentos, nombre con el que designan los rituales con los que visitan los sitios y los elementos físicos y bióticos de la Sierra, y concretan a través de ellos la forma de compensar a la naturaleza y restablecer el control social y la gestión ambiental ante las incidencias sociales y económicas, con diálogos e intercambios simbólicos con el agua, el bosque, las piedras y la tierra en función de mantener los equilibrios sociales y territoriales. Dichos rituales, por lo demás, se relacionan con distintos usos cotidianos como el mambeo de la coca, planta que cultivan alrededor de sus poblados y utilizan cotidianamente los hombres desde su iniciación como tales desde su adolescencia hacia la adultez. Así, en ese uso también se condensan los hilos materiales y espirituales de la Sierra, desde las playas hasta las zonas templadas y nivales, pasando en sus usos diarios por las manos de los jóvenes que acarician sus poporos, y de las mujeres que cultivan y recolectan la coca como planta sagrada para el mambe.

Las dimensiones profundas de este conocimiento y de sus prácticas nos abrieron el sentido de algunas experiencias que habíamos vivido o conocido por relatos de quienes las vivieron.

Un grupo de niños arhuacos en Gonawindúa. ⒸJuan David Correa

A finales de los años 80 subí por primera vez a la Sierra con el propósito de grabar un video para el proyecto Mensajes de las comunidades indígenas al país, que impulsamos con Juan Fernando Gutiérrez, y el cual nos había llevado a registrar, en su propia lengua, los testimonios de diferentes grupos étnicos sobre sus sistemas culturales, sus manejos ambientales y los problemas que afrontaban. Entre los primeros a registrar estaban los Kogui, que visitamos de la mano de Ramón Gil Barros, líder y dirigente de los pueblos Kogui y Wiwa, quien nos recibió en su finca después de una caminata de un día entero acarreando los pesados equipos de grabación de la época. Fue un arduo recorrido que incluyó una serpiente que se cruzó entre mis piernas en un empinado camino, y luego un extraño encuentro con un inmenso carnero negro de barbas acusadas que nos miraba de frente, atravesado en el sendero, y nos impidió durante varias horas seguir nuestro camino, hasta que pudimos escalar un poco la empinada pared del costado para darle paso. “Avisos de la Sierra”, sentenció Ramón cuando le contamos nuestras peripecias. “Ella no es indiferente a quienes se adentran en sus espacios, y menos con intenciones de establecer contacto con su palabra…”.

Unos años después de esa experiencia, acompañé una reunión comunitaria kogui y arhuaca. Después de caminar algunas horas con Julio Barragán por la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, nos asomamos desde una loma a Bongá, junto al río Cañas o Santa Clara, una aldea kogui que anida en el fondo de un pequeño valle. No sé ahora cuál fue mi sentimiento más intenso: si el silencioso regocijo frente a la belleza de ese paisaje, o la sorpresa ante ese abismo geográfico que en realidad lo era del tiempo, en el cual se imponían la consistencia y la belleza de ese enjambre de casas coronadas por techos empinados de palma similares a los gorros de los kogui, que configuran una geometría de flujos energéticos desde y hacia el cosmos, y que repiten la línea negra como construcción mítica del enorme cono de la Sierra tejido por los hilos intangibles del cerro Gonawindúa, que lo atan a los sitios de pagamento, según lo enseñan los mamos.

Tres lustros después, pasados los tres gobiernos uribistas (incluyendo en esta categoría el primer gobierno de Juan Manuel Santos) que devastaron los temas ambiental e indígena por la vía de la violencia, el despojo y los desplazamientos forzados, y desnaturalizaron instrumentos de defensa como la consulta previa, en la encrucijada política de la reelección de Santos, los Kankuamo propusieron en una reunión de la Mesa Nacional de Concertación Indígena con el Presidente, retomar el tema de la expedición de un decreto presidencial sobre la Línea Negra, el cual se demoró cuatro años en ser sancionado porque dormitaba en las gavetas oficiales a pesar de los acuerdos formalizados al respecto. Como ha sido siempre evidente, la medida resultaba esencial para elevar el nivel de reconocimiento legal de este instrumento de protección de su territorio, así como para la revitalización cultural en que específicamente estaba empeñado ese pueblo, cuyo proceso de recuperación de identidad étnica ha sido tan notable desde los años 90, después de casi un siglo de haber tenido que refugiarse en una identidad campesina.

Justo en Bongá, donde se realizó una reunión entre autoridades y líderes de los cuatro pueblos de la Sierra con el presidente Santos, en medio de esa coyuntura del tránsito entre la primera y segunda vuelta eleccionaria, éste se comprometió a expedir el decreto en cuestión, acuciado por los afanes electorales de su reelección. La decisión se produjo después de intensas discusiones, dentro de las cuales se consideró el tema de la consulta a la población wayuu que vive en las inmediaciones de la Sierra, y de común acuerdo con ellos, dentro de la Mesa de Concertación Nacional Indígena, se definió que no era procedente dicha consulta por la naturaleza puntual de los contados sitios sagrados tayronas que se encuentran dentro del territorio wayuu, cuyas lógicas de convivencia llevan varios siglos de vigencia.

De ese modo se expidió el Decreto 1500 de agosto 6 de 2018, el último día del segundo gobierno de Santos, “por el cual se redefine el territorio ancestral de los pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, expresado en el sistema de espacios sagrados de la Línea Negra, como ámbito tradicional, de especial protección, valor espiritual, cultural y ambiental, conforme los principios y fundamentos de la Ley de Origen, y la Ley 21 de 1991, y se dictan otras disposiciones”. Decreto que, como puede verse en su título, incorporó claramente el complejo sentido cultural ancestral de dicha línea, desde las palabras de Mamo y desde la tradición legislativa de la Ley 99 de 1993 que creó el Sistema Nacional Ambiental que quiso destruir explícitamente el régimen uribista.

Ello se expresa de modo palpable en los principios de política pública que define el Decreto 1500: “a) La Protección integral del derecho al territorio tradicional y ancestral de la Línea Negra; b) La integralidad del territorio ancestral de la Línea Negra; c) La conectividad y funciones del ordenamiento ancestral del territorio expresado en la Línea Negra; d) El ejercicio de la libre determinación, autonomía y gobierno propio; e) La interpretación cultural (Cuando surja alguna duda en la interpretación de los términos utilizados en el presente Decreto, su alcance, objeto, o efectos, se acudirá a los criterios constitucionales, legales y jurisprudenciales, a la Ley de Origen y derecho propio de los cuatro pueblos indígenas de la SNSM, y al Documento Madre como su expresión y criterio de interpretación, el cual es anexo de este decreto; asimismo, el intérprete tendrá en cuenta la Resolución número 3760 de 2017 por la cual se incluye la manifestación Sistema de conocimiento ancestral de los pueblos Arhuaco, Kankuamo, Kogui y Wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta); f) El principio ambiental de rigor subsidiario: (Las normas y medidas ambientales, -…- podrán hacerse sucesiva y respectivamente más rigurosas, pero no más flexibles por las autoridades competentes del nivel regional, departamental, distrital o municipal, en la medida en que se desciende en la jerarquía normativa y se reduce el ámbito territorial de las competencias, cuando las circunstancias locales especiales así lo ameriten´); g) El principio de precaución: (conforme al cual, cuando exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente´); h) El respeto a los derechos adquiridos, de terceros y de comunidades; i) La función ecológica de la propiedad privada”. 

Este desarrollo legislativo incluyó de forma detallada definiciones como Ley de Origen, Línea Negra (Shshiza –Kogui-, Shetana Zhiwa –wiwa- y Seykutukunumaku –arhuaco-, Sistema de espacios sagrados, espacios de gobierno propio y Autoridades Públicas Propias de los Pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta; y el “ámbito material del territorio tradicional y ancestral de la línea negra –Mama Sushi– Mama Sushiga”, cuyos componentes durante más de setenta años han sido referente de las luchas de resistencia territorial en la Sierra Nevada, en la medida en que su ordenamiento y sus usos han estado asediados por proyectos de desarrollo urbanístico, turístico, minero, de cultivos de uso ilícito, especialmente la marihuana, cuya guerra en la década de los años 70 del siglo pasado dio inicio a la guerra continental contra las drogas y a la configuración de fuerzas paramilitares en todos los puntos cardinales de la Sierra.

Un grupo de jóvenes en Simonorwa, en 1997.

Un grupo de jóvenes en Simonorwa, en 1997. ⒸDaniel Correa

Los sitios sagrados que fueron esgrimidos como límites de esas pretensiones en diferentes coyunturas de desarrollo, en este decreto contaron con un inventario que se había empezado a elaborar desde los años 90 pero que había sido puesto entre paréntesis institucional bajo el régimen narco-paramilitar que se configuró a comienzos de este siglo. Un total de 348 sitios de Línea Negra fueron incluidos en el decreto que se pretendió erradicar hace unos meses del tejido normativo nacional, algunos de los cuales hablan por sí solos de lo que se ha venido construyendo en esos espacios de diálogo intercultural forjados desde la autonomía territorial de los pueblos indígenas de la Sierra, y complementados por la investigación participativa de la antropología en diálogos horizontales con sus autoridades a lo largo de todas estas décadas, por parte de investigadores solidarios y conscientes de que en esa diversidad está lo más auténtico, lo más profundo, y la paz como futuro de la diversa nación colombiana.

La sola mención de dos de esos sitios, como se recogen en el decreto ahora suspendido, es diciente de su magnitud simbólica y material:

“**340. Kunperuchu: **Municipio de Bosconia, Corregimiento de Camperucho. Un cerro abajo de la vía principal que conduce de Bosconia a Mariangola. Es padre mayor de los cuatro cerros que se encuentran juntos en este espacio y se describen más adelante en este texto. Es el espacio sagrado de pagamentos y recolección de materiales, se caracteriza por ser el lugar donde se hace el pago para el cuidado del equilibrio natural y del Universo; es quien se encarga de cuidar y conservar el ordenamiento del territorio de la SNSM. Es protector y proveedor de los elementos tradicionales para mantener las proporciones climáticas y produce los objetos y los materiales que se usan en las ceremonias tradicionales. Este espacio incluye los cerros de Kwen, Kueñu y Terruna (Tayrona), y la Línea Negra pasa por el pie del último de estos cerros. Está conectado con los espacios sagrados del Cerro de Geynungeka –situado en la región llamada Monte Azul cerca de Bunjuageka y los cerros de Taminaka, Jiwika y Muriakun. Este espacio asocia los cerros de: **Kuen: **Es el padre de los conocimientos sobre la música, los cantos que se dan a la tierra, el agua, los alimentos, en sí los elementos de vida. Es el guardián del Territorio Ancestral con referencia a estas funciones y otras. Espacio sagrado de pagamentos para el cuidado y el equilibrio, es el guardián del Ordenamiento del territorio de la SNSM, a su vez, de mantener el orden natural de los climas y recolección de materiales; **Kuena: **Espacio en donde habitan los padres encargados del cuidado del equilibrio y guardián del Ordenamiento de todo el territorio de la SNSM y la producción de los elementos de clima caliente que se usan en las ceremonias tradicionales y de recolección de materiales; Terunna: Es el padre que hace posible la realización de todas las figuras representativas de los personajes importantes para la humanidad, es el mismo Teyuna (Tayrona). Este padre en primera instancia, creó las figuras de oro Simun~~u ~~(Tuma) barro, piedra y finalmente el hombre. Es creador de los objetos y elementos que sirven y dan vida al Marunsamu, que son elementos que sirven de medios para la conservación, protección, poder y conocimiento. Un aspecto importante es que hace parte de cuatro pequeños cerros sagrados Kunperuchu, Kwen y Kueñu; **Kwen: **Es el sitio del baile, cada vez que los Mama bailan en los ezwamas están conectados aquí con el padre del baile. Kweñu es la autoridad que sostiene todas las especies de animales y plantas. Kwiskwe está al lado, y es el sitio de todas las tumas de colores como Teyuna desde ese principio está aquí. Al lado hay un cerro de tumas de todos los colores, para los bailes. Desde el principio se dejó a este punto encargado de cuidar el baile, cada vez que allá arriba se baila, se conecta con este punto y se mandan física y espiritualmente los tributos aquí. En este espacio está el espíritu del padre donde todo tiene su origen y su sitio, todas las especies de animales y plantas. Se paga aquí y cada cerro protege los materiales y también para hacer bautizos, mortuoria y construcción de casas. Todo este espacio se conecta con el espacio sagrado de Tekú en el Parque Tayrona (Pueblito), con Teyuna (Ciudad Perdida), y los picos nevados; **Cheykungue: **Comprende el río en el Puente las Lajas sobre la carretera principal de Bosconia a Mariangola y tal como es el caso de Seykuinama, Cheykungue llega a la Línea Negra, y hace referencia a toda la conectividad del río hasta su desembocadura en el río Cesarito. Es el espacio sagrado que representa el padre de los elementos llamados Kungwi que se utilizan para el canto y el baile que se les hace a los alimentos, las lluvias, las plantas y los astros. Es un espacio de pagamentos para conservar el equilibrio y la abundancia que dan vida a los seres. Conectado con espacios para alimentos como Inarwa Arwawiku y Ankwa, o Dugunawi en Palomino. Desde este espacio se continúa hasta Gunkanu/Kutukunu”. 

“**347. Mamo Niburun: **En el corregimiento de Valencia de Jesús, es un cerro aislado conocido como cerro el Diablo, debajo de la vía principal a Valledupar. Donde se realizan los trabajos que propenden por el funcionamiento de la respiración natural y el aire que se encuentra presente en todos los espacios de la tierra incluso los subterráneos. Daños a este cerro se manifestarían en la forma de terremotos. Conectado con el cerro Chundwa en los nevados, Inarwa en la cabecera de Simunurwa, Kwakumuke, Jwichcuchu en Nabusimake, y otros. Desde este espacio se continúa hasta Kuntiaku completando la vuelta de la Línea Negra alrededor del territorio ancestral, incluyendo además la zona marina y la Ciénaga Grande de Santa Marta”.

El 19 de mayo de 2026, el gobierno del cambio expidió un nuevo decreto, cuyo contenido hace parte de una interlocución directa con las organizaciones indígenas y las autoridades tradicionales de la Sierra, y el cual, mantuvo esas palabras de Mamo articuladas en el sistema normativo nacional. “Lo firmo ante la sociedad colombiana y queda de nuevo el decreto sobre la Línea Negra, que protege la Sierra Nevada de Santa Marta y sus comunidades indígenas y negritudes, todas sin exclusión”, dijo el presidente Gustavo Petro.

Sociólogo. Ha colaborado con las luchas indígenas en La Guajira y la Sierra Nevada de Santa Marta. Apartes de esta crónica son tomados del libro inédito de memorias del autor, La fuerza de las paradojas. Como otras marcas en la brecha.*

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