De Monroe a Trumpo

Francisco José Flórez

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Hay un gran retroceso imperial. La doctrina del primero planteaba un quid pro quo. Acordaba con las otras potencias que EEUU no intervendría en sus zonas de influencia, y que a cambio ellos no deberían hacerlo en la de ellos. Trump maneja un imperio que tiene unas 800 bases militares en todo el planeta. Él pretende hacernos creer que la paz la pone en peligro el avance de China, que tiene solo una base. Y Occidente que es dominado por el relato de la anglosfera lo repite hasta el cansancio. Cuando Rusia invadió a Ucrania, los medios occidentales lo hicieron aparecer tal cual, ante la masa de televidentes. Que no estaban enterados de todo el escenario, de los antecedentes de este al parecer súbito exabrupto. Desde la década de los noventa, cuando la URSS hizo implosión, EEUU prometió a Rusia que la OTAN no trataría de acorralarla poniendo proyectiles atómicos en sus fronteras. Rusia ya capitalista cumplió con dejar que varios países de la antigua URSS, se desprendieran del Pacto de Varsovia. Pero obvio, EEUU no cumplió. Y siguió tratándola como un enemigo al que había que acosar y atomizar siguiendo la política ruso fóbica de Brezinzky, y la de Kissinger. Ambos escribieron libros en los que, por ejemplo, decían que Rusia jamás se aliaria con China…

 Ucrania que desde hace siglos fue de Rusia, tuvo un gobierno neutral. Y ahora se sabe que la CIA invirtió millones de dólares para subvertirlo. Lo logró. Y pusieron a un comediante porno manejable y corrupto (Zelensky) enemigo de Rusia, aliado del genocida Netanyahu, dispuesto a unirse a la OTAN.

Es decir, a servir de base para instalar proyectiles atómicos en las cercanías. Así las cosas, Rusia invadió. Estos descalificativos son de varios geopolíticos de talla y prestigio que han estado en Ucrania, en China y en Rusia tal como el respetado analista Alfredo Jalife, el máximo geopolítico de habla hispana.

Esto no supone que Putin sea un ángel, se trata de manejar “datos duros” del realismo político que ahora prevalece.   

El escenario mundial es completamente distinto al que manejaron los cerebros como Kissinger, que estuvo tan pifio como el fanático Brezinzky o el lacayesco Fukuyama, que daba por averiguado que habíamos llegado al fin de la historia. Y que el futuro inevitable era la réplica lineal del american dream, en un paraíso suburbano.

China va en ascenso, aliada íntimamente con Rusia, gracias al acorralamiento mencionado. Hay una jerarquía mundial tripartita, y el que busca acomodarse de mala gana es EEUU. Rusia aventaja (al parecer) a los otros en potencialidad atómica y en misiles hipersónicos. China aventaja en tecnología y desplaza a EEUU como potencia social y en economía. Se ha vuelto defensora del libre mercado. Y sus relaciones comerciales y préstamos no están condicionados a imposiciones ideológicas humillantes. Está en proceso de desbancar al dólar como moneda universal. Y los países medianos, como Colombia, que ahora sufrimos al imperio, tenemos que pensar en el futuro.

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