Las transformaciones de un joven en un país que cambia

La historia de vida de una niña que se descubre niño y decide asumir la búsqueda de sí misma-o dentro de los tránsitos que la vida y la sociedad colombiana de las últimas décadas le fueron imponiendo, en un vivo relato sobre un destino de encuentro con su ser más íntimo, en el cual la autenticidad y el tesón han ido derrotando y reconfigurando los modos dominantes y violentos de un país que ha empezado a cambiar.

Cuando yo era una niña sentía que dentro de mí había otro ser que necesitaba salir a la luz, pero eso no estaba permitido. Sentía que socialmente estaba actuando un papel que no había elegido y que no me correspondía. Vivía ahogada y totalmente sola. Yo decía: “¿Será que no hay nadie en el mundo como yo?” Creía que era la única así, miraba a los niños y las niñas, pero todos actuaban de “forma normal”. Socializar para mí era imposible, las niñas me rechazaban porque yo jugaba como los niños y los niños me decían: “No, usted no puede jugar con nosotros porque usted es una niña”. No había un lugar para mí en este mundo, no me acomodaba. Me sentía totalmente única, rara y sola. Fue muy difícil, muy duro.

Hoy a mis 44 años en cuanto a mi ser trans, mi utopía sería tener la posibilidad de transitar de un género al otro, sin anclarme en ninguno. Todo este sentir es cíclico. A veces me miro y digo: “Voy a volver a las hormonas porque me siento extraño y quiero verme más masculino”. Pero algo muy adentro de mí, me dice: “No Martín, este eres tú”. Con el tiempo he descubierto que YO YA SOY. Lo que busco es un lugar en el que pueda vivir y dejar emerger ese ser que descubrí dentro de mí, sin que existan la discriminación, el atropello y la violencia.

Sueño con ir educando a la sociedad para que terminen los prejuicios y la exclusión, pero ya no desde la confrontación como lo venía haciendo, arriesgándome a morir por defender mi identidad, sino desde una posición bonita y pedagógica. Cuando el mundo lo ve a uno sereno y amoroso comprende, pero si tú eres una persona trans llena de rabia hacia sí misma, si te detestas a ti misma, ¿qué está viendo la gente?, ¿qué está sintiendo la gente? Por eso yo quiero que la gente me vea no solamente como Martín, sino como un ser que se ama y se ha llegado a aceptar en medio de la dificultad. Creo que eso es mucho más pedagógico. Aún estoy en proceso y estoy logrando indagar quién soy, para aceptarme y amarme con mis gorditos y todo (risas).

Creo que ya es momento de ser creativos y de cambiar el chip. Con esto no quiero decir que el movimiento trans desde lo político y la lucha por las reivindicaciones tenga que desaparecer. No, yo creo que son importantes todas las formas de lucha, todas; desde la forma más sensible hasta la más beligerante y armada. Pero para mí, en este momento quiero otra forma, porque viví de cerca el peligro de morir por decir: “Yo soy esto, y la sociedad y el Estado no me reconocen”. Pero claro, si yo no me reconozco, ni me amo ¿quién lo va a hacer?

Ahora vivo con una expresión de género masculina y socialmente me llaman Martín, pero sé que mi cuerpo va a cambiar y en unos años cuando tenga cincuenta, si llego a tenerlos, voy a tener otro cuerpo y voy a vivir con otra fisonomía, y no sé si me siga llamando Martín. No sé qué voy a terminar siendo... Un día me soñé que era una viejita de pelo largo, blanco, blanco, blanco, con unos vestidos bordados por mí. De pronto es una premonición (risas). Yo no sé qué voy a terminar siendo, pero lo que sí sé, es que ahorita tengo la apuesta de aceptar la dualidad que me habita. Me siento muy contento, tengo muchas cosas de las cuales sentirme orgulloso: tengo amigos, tengo unos amores muy interesantes y lo más importante: me tengo a mí.

Yo decidí contar mi historia en este libro, porque debe haber un espacio para otras historias. Se ha escrito mucho en todo el mundo y se han hecho películas sobre personas trans. Pero generalmente son narraciones que se hacen desde el dolor: la trans que es prostituta, la trans que está en la cárcel; la que tiene VIH y está condenada a morir; la trans que fue ultrajada, violada… Aunque todo eso es una realidad, yo quisiera mostrarle a la gente que también se puede ser trans de otra manera. Que el dolor hace parte de una etapa de sufrimiento, pero uno también puede elegir ya no sufrir más. En este momento puedo decir: me amo y no: “por favor acéptenme, quiéranme, valídenme”.

¿Entonces ahora quién es Martín?, me pregunto. “Soy una persona que está aceptando su dualidad, que se está amando en esa dualidad: amando mi cuerpo, mi sexualidad, mis genitales, mis manos pequeñas, mis pies torcidos y chiquitos... amando todo mi ser. Y aceptando que YO SOY YO, ni hombre ni mujer”.

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